A unos pocos kilómetros de San Francisco se sitúa la Falla de San Andrés... Caprichos de la Naturaleza para los humanos, la vía de escape para la oscuridad y el mayor problema terrenal para los que habitan la bóveda celeste... Décadas atrás los grandes señores de la innombrable pesadilla pudieron salir, décadas atrás todos ellos se unieron con el fin de utilizar sus dones para abrir el portal... El resultado fue la ola de catástrofe que la Humanidad conoce como "Él ultimo de nuestros días"...

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Justine de Saint-Lúmiere

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Justine de Saint-Lúmiere

Mensaje por Justine de Saint-Lúmiere el Lun Ene 10, 2011 11:05 pm

Justine de Saint-Lúmiere
Per Aspera ad Astra

Datos personales:


-Raza: Arcángel

-Edad: 26 humanos

-Edad real: Infinitos amaneceres

-Don: Armadura de Santidad

-Actividad: Capitana de Homicidios del Departamento de Policía de San Francisco

-Nacionalidad: Francesa

-Orientación sexual: Hetero

Descripciones:

-Descripción física:

Dicen que Dios primero creó a Justine, y basándose en ella, creó a Eva, dejando evidencia de la hermosura de la primera. Justine es una hermosa joven de unos 1.69 metros, es más alta de lo normal y le place no necesitar tacones para lucir su esbelto cuerpo. Su cuerpo es fibroso, atlético, y bien formado. Su cintura es breve, sus pechos no son exuberantes ni demasiado pequeños, sino que podrían ser calificados de normales, pero sensuales. Sus piernas son delgadas pero bien torneadas e ideales para una minifalda. El rostro de la Arcángel podría ser calificado (valga la redundancia) de angelical. Sus marcados pómulos le dan una apariencia de sofisticación que es completada por sus finos pero llamativos labios. Su mirada es casi felina, y sus ojos de color pardo suelen aclararse u oscurecerse depende el clima. Justine es rubia, y gusta de llevar el cabello largo, y delicadamente suelto, estilo que le confiere un aura de glamour etéreo que las mujeres mortales envidian, y los hombres adoran. Sin embargo, debido a su trabajo, la mayoría de las veces debe llevarlo atado, peinado que le endurece sus rasgos, pero mínimamente. No necesita utilizar perfume alguno, dado que su cuerpo despide naturalmente la esencia de los azahares de limón. En su muñeca derecha, tiene tatuada la frase ‘Per Aspera ad Astra’ (Hacia las estrellas, a través de las dificultades) su guía en esta vida, y filosofía para seguir adelante. En su forma angelical, posee el único par de alas de plumas doradas en todo el Cielo, hechas especialmente por su Creador, en el momento que conjura su don, sus ojos adquieren un tinte dorado más puro que el oro, y suele desplazarse en tibias corrientes de aire que anuncian a todos los que saben reconocerla su llegada.

Spoiler:

-Descripción psicológica:

Justine es adorable, dulce y extremadamente femenina. Sin embargo, esto sucede en contadas ocasiones y usualmente es cuando libera su aura angelical al máximo. La mayoría de las veces, y a los ojos humanos, se muestra como una joven avocada a su trabajo, sumamente seria, casi incapaz de sonreír, y algo arisca a la hora de sociabilizar con sus colegas, aunque todos los que han tratado con ella, se han sentido irresistiblemente atraídos por su persona, y siempre rodeados de una calma y plenitud que pocos pueden explicar. Pero todo esto es porque extraña terriblemente la vida en el Cielo, y le cuesta muchísimo crear lazos con aquellos que debe proteger. Aún tiene resabios de ser tan sólo una ‘presencia’ en la vida de los demás tal y como lo fue toda su vida detrás de las Puertas del Cielo, pero ahora debe aprender de a poco, que debe lucir, actuar, y pensar como una humana más. Es una adicta al trabajo, y vive para apresar criminales, a los cuales siempre trata de ofrecer la redención, pero muchas veces, el Infierno es el único destino para los impuros, y ella sufre con cada alma que fue incapaz de salvar, lo que de a poco la consume.
Su mente está continuamente en actividad, controlando las acciones tanto de sus subordinados celestiales, como de los humanos a su cargo, y los oficiales que son sus colegas. No puede parar de pensar, y casi siempre esos pensamientos son de distintas maneras de derrotar a las fuerzas del mal, humanas y demoníacas, aunque Justine cree que son una sóla clase. Entiende a la perfección el poder de ser mujer, y no duda en utilizarlo a la hora de conseguir lo que necesita, sin embargo, conoce sus límites y siempre está balanceándose entre lo terrenal y lo divino. No conoce otro sentimiento que el que no sea devoción a su Creador, y amor a los humanos, a pesar de ello, su corazón está completamente congelado, y no es capaz de sentir nada. Su única confidente, amiga, y compañera, es su gata blanca llamada Marguerite, gracias a su presencia, no siente la necesidad de establecer lazos.
Ama ver el Cielo estrellado, pero cada vez que lo hace, siente una tristeza irremediable, que desconoce el origen, pero sabe que desde siempre ha estado allí, desde que tiene conciencia.


-Familiares:

-Gabriel (Hermano Mayor)
-Rafael (Hermano Mayor)
-Miguel (Hermano Mayor)
-Uriel (Hermano Mayor)
-Zadkiel (Hermano Mayor)

-Historia:


Los Serafines suelen contarse entre sí la historia del Cuarto Hijo Malaquías y el Nacimiento de Justine, siendo ésta la única historia de amor que el Cielo ha visto jamás.
Cuando Dios tan sólo había creado a los Arcángeles, y todavía ni siquiera pensaba en crear la Tierra, es cuando esta historia tuvo lugar. Ya habían nacido los Grandes, Miguel, Rafael, Gabriel, Uriel y Zadkiel siendo ellos los favoritos de Nuestro Señor, y sus hijos más queridos, cuando Él creó a Malaquías, el Arcángel destinado a guardar las estrellas y con su toque, crear constelaciones. La vida de Malaquías era tranquila, afable, y llena de amor constante hacia su Creador, pero no podía evitar sentir que algo le faltaba, y ese vacío en su interior se fue agrandando cada vez más, hasta que una noche, las estrellas no brillaron más, y el Arcángel comenzó a llorar lágrimas cristalinas, creando así la Vía Láctea. Sin embargo, cuando alzó su mirada a lo alto de los oscuros Cielos, vio que una luz brillaba, una luz que lo inundó de esperanza, y convirtió sus lágrimas de pesar en un llanto de alegría. Era la única estrella que no se había apagado, que brillaba con su luz propia, y que no dependía de su cuidado para irradiar luz sobre la Creación. El Cuarto Hijo Malaquías, estiró sus manos y acunándola entre sus brazos, canturreó una canción de cuna, creada especialmente para su Estrella, que como era la principal de la constelación de Libra, aquella que regía la Justicia, la bautizó Justine, la Justa.
Muy pronto, los Principales notaron este comportamiento de Malaquías, y se dieron cuenta que el Cuarto Arcángel estaba enamorado, pero sin riesgo alguno de caer, ni de contradecir las Viejas Tradiciones, dado que su amor era puro, y sin acceso carnal. Después de todo, amaba a una estrella.
Sin embargo, llegó un día que la independencia de la estrella Justine comenzó a irritar a Malaquías, al punto de descuidar a las demás estrellas, para ver si su amada rogaba por su atención. Pero no era así, Justine seguía brillando como el primer día, y titilando juguetonamente. El Cuarto Arcángel se dirigió a su Amado Padre, y le rogó hincado sobre sus rodillas que le diera a Justine vida angelical, que la necesitaba a su lado, que su amor ahora era más poderoso que su devoción. El Dios Supremo se llenó de ira al escuchar esas palabras, al ver que una simple estrella había robado el afecto de su Cuarto Hijo, y le comunicó a Malaquías que era imposible, dado que al nacer estrella sería siempre un ser astral, iluminando el Firmamento, y nada más.
La Ira, sentimiento desconocido para los Arcángeles, llenó el divino ser del Cuarto Hijo, y comprendió que su Padre no era tan bondadoso y misericordioso como creía. Sólo quería amar, ¿acaso había problema alguno? Parecía que sí. Todos amaban en el Cielo, se respiraba amor, y la prédica suprema de su Creador era el AMOR, pero a él no se le estaba permitido estar con su querida estrella. Tomando a Justine entre sus brazos, y llenándose de su brillo astral, mientras lloraba lágrimas doradas y puras como su corazón enamorado, invocó a los Arcanos Poderes que corrían por su ser, y olvidando los preceptos de las Viejas Tradiciones, insufló parte de su alma en la estrella, pero una parte única, completamente distinta a la de él, un alma nueva y pura. El alma de Justine. Moviendo sus manos frenéticamente creó a partir de polvo de estrellas un cuerpo celestial, el más hermoso y luminoso que jamás habían visto en el cielo, por último, lloró dos de sus lágrimas doradas sobre el cuerpo, creando así las maravillosa y únicas alas de color áureo en el Cielo.
Tocando la mejilla de la recién nacida criatura, sonrió la mejor de sus sonrisas, Justine abrió sus dorados ojos, y sonrió mirando a Malaquías con devoción.
Pero, el Cuarto Hijo no pudo salirse con la suya, Dios al siguiente microsegundo, estaba allí, observando todo con sus coléricos ojos. Deseaba castigar a Malaquías por su acción, había creado vida Celestial él sólo, algo que sólo podía hacer, y se sentía humillado y desafiado. Sin embargo, en el momento que Dios posó sus ojos sobre Justine, no pudo menos que sentir amor ante su presencia. Ella era inocente, no podía ser castigada, ahora era una Hija Más. Pero el Castigo para Malaquías debía de llegar de un momento a otro. Una decisión que lo llenó de desazón, y dolor en lo más profundo de su Omnipotente Ser. Habló y con su voz rugieron las tormentas celestiales, y lloraron los querubines.
-Malaquías, por haberme desafiado, desobedecido y humillado, recibirás el máximo castigo para un Arcángel. Perderás tus alas y vagarás en la eternidad sin conciencia, siendo un ser menor, muriendo mil y una veces, para volver a renacer en una forma aún menor que la anterior, ad infinitum.
-Acepto mi castigo mi Señor, pero ruego que a Justine se la perdone, ella… ella no sabe nada… no tiene la culpa de nada-rogó con la voz quebrada.
-Ella no sufrirá nada, ella vivirá en el Cielo, y tomará tu lugar. Será desde este momento, la Cuarta Hija, que si bien no la creé yo, es tan hermosa y perfecta como si lo hubiera hecho-dictaminó el Supremo, posando su Divina mirada sobre la criatura, quien lloraba en silencio ante la pérdida de quien había sabido ser su padre, su amante, y su protector durante tanto tiempo.
Pocos minutos pasaron antes de que el celestial cuerpo de Malaquías fuera destruido para convertirse en eterno polvo cósmico, sin embargo, bastaron apenas unos cuantos para que los amantes se miraran y el amor surgiera en sus miradas, y ambos comprendieran que iban a estar siempre juntos de una u otra manera. Antes de desaparecer por completo, Malaquías juró estar siempre en el corazón de Justine, y delicadamente, besó su mejilla, al tiempo que se convertía en doradas partículas de luz, que vagarían eternamente por el tiempo y el espacio.
Una vez que esto sucedió, Dios tragó sus lágrimas, y volcó su mirada a la acongojada Justine, a quien con una mirada, hizo olvidar todo recuerdo de Malaquías y su anterior existencia como estrella, implantando en su celestial conciencia la idea de que era hija de Él, y su predilecta. De hecho, haciendo esto, Dios le estaba quitando el crédito a Malaquías por haber creado el primer ser celestial de esencia femenina, y adjudicándoselo a sí mismo.
Muy pronto Justine, gracias a su humildad, su amor por todas las cosas, y su amabilidad, comenzó a moverse rápidamente por el Cielo, explorándolo en su totalidad, y sintiéndose cómoda en cada esquina. Su sonrisa era más luminosa que todas las estrellas del Firmamento brillando juntas. Llegó el día en que Dios decidió en Siete Días crear la Tierra y dar vida a sus más queridos hijos, los Humanos. Para crear a los hombres, se basó en Miguel, su hijo Mayor, el guerrero Santo, el fiero León Divino, y para la mujer, en Justine, su pureza, su belleza y su apariencia serían ideales para sus nuevas hijas. Ese mismo día, luego de arduos entrenamientos y pruebas, Justine se convirtió en la Primera Arcángel femenina, la Verdadera Cuarta Hija, y como regalo de graduación Dios le otorgó el don de Protección Suprema, la Armadura de Santidad.
Con la llegada de los Humanos, llegaron los problemas, la caída de los ángeles descarriados, la creación del Averno, y el Nacimiento de los Siete Pecados Capitales. A causa de ello, Dios no tuvo otro remedio que tomar nuevas medidas y así, creó el Tribunal Celestial, tomando a sus hijos, y ordenándoles que controlasen todo lo que hacían, y dejaban de hacer las almas humanas.
Pasaron los siglos, pasaron los milenios, y la raza humana muy pronto estaba más descarriada que nunca, Dios entonces, decidió enviar a los Cuatros Hermanos a la Tierra a que tomasen apariencias humanas, y vigilaran todo de cerca, dado que los Lores, los Supremos del Averno, estaban tomando cada vez más fuerza y el aura de la Tierra era día a día más oscura, cada vez que un alma era condenada.
Los hijos fueron diseminados en los distintos puntos cardinales, y Justine fue designada al área de Europa con base en París, Francia. Allí tomó el apellido de Saint-Lúmiere, y ahora su nombre completo sería ‘La Justa y Santa Luz’ en francés. Comenzó sus estudios en Criminalística y paralelamente Teología como Hobby, dado que quería saber qué sabían o creían saber los humanos sobre los seres divinos como ella, sus hermanos y su Padre, y la primera carrera, para poder así, de alguna manera, entender al mal en su más prístina forma, y recrear al pecado parte por parte.
Muy pronto, escaló posiciones en el Departamento de Policía de París, y llegó al rango de Capitana de Homicidios, a pesar de su aparente corta edad. Muchos hombres trataron de acercarse a ella, pero ella los echaba a volar rápidamente, ganando así el apodo de Dame Congelés, la Dama Congelada.
Luego de dos años en la división de Homicidios de París, su Supremo Padre decidió enviar a los Hermanos a San Francisco, donde la energía maligna manaba con mayor intensidad que ningún otro lugar.
Es aquí donde Justine, tomó el puesto de Capitana de Homicidios, abultando su currículo humano todavía más. Es aquí donde Justine comprenderá el fino límite entre lo que ella cree que es el bien y lo que le enseñaron que es el mal…

Otros Datos:


-Nivel de adquisición: Medio Alto

-Vehículo: Audi A4 rojo

Spoiler:


-Enfermedades: –

-Antecedentes: Realmente no es un antecedente conciente, pero el haber perdido parte de su memoria a manos de su Padre es algo que no se puede dejar pasar, dado que su historia sería muy diferente si eso no hubiera pasado.

-Manías y Fobias: Truena sus dedos casi todo el tiempo y se muerde el labio inferior cuando está nerviosa, además de soltar y atar su pelo continuamente. No puede estar sin una botella de agua a mano. No posee fobia alguna, sin embargo, la pone algo nerviosa el hecho de hablar directamente con su hermano Rafael. Siempre tiene que tener el maquillaje perfecto en todo momento.

-Gustos: De vez en cuando, beber un buen Martini de Manzana. Observar el cielo estrellado y pensar en la vida en el Cielo. Trabajar hasta largas horas de la noche para resolver crímenes, y escuchar música instrumental céltica mientras lo hace. Comprar álbumes de música clásica y escucharla en su departamento mientras lee algún libro de Teología o de Literatura Fantástica.

Religión: Católica

Habilidades: Reconocer la mentira en los ojos de los demás. Sabe de memoria todas las constelaciones del Firmamento. Sabe zurcir, bordar, y un poco de orfebrería.

Curiosidades: Siente una terrible pasión por la astrología y las estrellas, pero no sabe el origen de esta característica tan propia de su persona.

Mascotas: Su gatita blanca, Marguerite.

Spoiler:


Estudios e Idiomas: Licenciatura en Criminalística, Carrera de Policía en el Departamento de París, Licenciatura en Teología en la Universidad de la Sorbonne. Habla latín, Enoch, griego, Español, Italiano, Francés, Ruso, Alemán, Inglés, Sánscrito, y Galés Antiguo.

~


Última edición por Justine de Saint-Lúmiere el Mar Ene 11, 2011 12:51 am, editado 2 veces
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Re: Justine de Saint-Lúmiere

Mensaje por Gabriel Danko el Lun Ene 10, 2011 11:41 pm

Aprobada!... Bienvenida a San Francisco... En breve te enviaré la prueba de rol para poder asignarte luego rango y color...
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